Si un velo generoso, si un olvido saludable se echa por sobre todo el asunto, una consistencia pragmática se logra y el proceso abandona su movilidad vertiginosa e inadmisible. La estructura se fortalece como para poder recibir nuevas palabras. El efecto de los narcóticos podría terminar sin peligro de que todo se viniese al diablo otra vez.
Hay que imaginar una ciudad llena de autopistas por donde circulan sin pausa miles de autos y camiones, y de pronto un terrible bombardeo que destruyese todo. Una helada mágica congela los movimientos, y los ingenieros pueden trabajar contra reloj para reparar los caminos rotos antes de que el efecto termine. Si todo sale bien el tránsito se retoma sin que haya sucesivos desastres. El peligro, sin embargo, nunca cesa.

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