Penetro y me dejo penetrar. Es una ley de la naturaleza. Penetro en el mundo, y me dejo penetrar por él. Dejo que él me penetre hasta lo más profundo. Y cuando en mi interior vibra la campanilla sensible alcanzada por su trazo, entonces como un bólido todo lo mío sale al exterior. Los poros se abren como flores que maduran en cámara rápida y eyectan su polen hacia lo grandioso del mundo. A partir de ese momento ya no soy más una persona, ahora soy casi un ave o un árbol vigoroso que con su vigor busca alcanzar el cielo. Ahora soy parte del vigor del mundo intentando alcanzar lo más alto, estirado y gigante. Exijo a mi rigidez hasta el punto alfa y así nomás regreso, me aflojo cuando el aire cambia, la noche afloja los hilos y un millón de pequeñas tensiones se convierten en almohadas. El gigante se duerme como una selva dormida y cambia en miles de mariposas nocturnas, y cada una elije una estrella y la busca.
sábado, 18 de septiembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario