Cuando le vi la boca me decepcioné terriblemente. Es que apreciados en detalle sus labios dejaban mucho que desear. Eran porosos y oblicuos como una escalera. Sus dientes eran demasiado blancos y no inspiraban ninguna sensación de grandeza. Más tarde, leyendo sobre el saqueo de Roma por los visigodos, me acordé de esos dientes. La lengua era lo que mejor le quedaba, quizá porque asomaba apenas. De todas maneras la miraba atentamente mientras me hablaba de su examen en el conservatorio. Me contó sobre los gatos de su tía y me interrogó sobre el carácter de algunas plantas. Terminé por enamorarme locamente de esa boca.
Nos vimos dos o tres veces más siempre para tomar un café y charlar o para tomar un helado y charlar. No fui pródigo en detalles sobre mi vida, sólo le conté un poco sobre mi trabajo con las plantas y algo acerca de mis relaciones pasadas. Ella siempre tenía algún tema que desarrollar y lo desarrollaba como se desarrolla un arroyo que fluye. Incluso cuando hablaba, su boca dibujaba una pequeña sonrisa que se estiraba, se derretía y se volcaba sobre la avenida hasta el puerto.
La última noche que nos vimos la invité a pasar a mi casa. Serví dos copas de vino y nos sentamos en el sofá mirándonos. La noté avergonzada o quizá excitada y tal vez por eso guardaba silencio. Mirando su boca fantaseé con un beso y me acerqué para abordarla dulcemente, pero comenzó a toser. La tos le arrebató la sonrisa. Era cada vez más fuerte. Cuando se calmó quedó mirando ensimismada la pared con una mano en el pecho. A mí me pareció que aguardaba a toser nuevamente, pero lo que ocurrió de improviso fue que regurgitó un pez. Salté espantado para que el animal no cayera entre mis piernas y quedé mirándola atónito. Ella atinó a decir 'perdón' con cara de temor y vergüenza. No pude moverme ni decir palabra. Creo que mi silencio le dio pánico. Ante mis ojos fascinados se levantó recogiendo su cartera y su abrigo y se marchó.
Los días que siguieron la busqué desesperadamente. Pregunté en el conservatorio y telefoneé a su tía pero no pude encontrarla. Terminé creyendo que se habría mudado a otra ciudad, a otro país, o a una isla.
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1 comentario:
Qué extremadamente Cortazeño.
Automáticamente pensé en el Capítulo 7 de Rayuela. Qué lindo.
Te agregué a mi listado de blogs que me gustan.
Slds.
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